Foto: «Steve Barakatt, Canal Norte Tv»

El pasado 7 de mayo a las siete de la tarde el teatro-auditorio Adolfo Marsillach acogió un concierto muy especial: Néorealité, de Steve Barakatt.

Steve Barakatt es considerado uno de los mejores pianistas del mundo y compone su propia música. Antes que pianista, se considera a sí mismo compositor. El trabajo de su disco Néorealité es fruto de un trabajo que, no solo es un regalo al mundo, sino un regalo para sí mismo para hacerse compañía en la soledad del confinamiento debido a la pandemia por la enfermedad Covid-19, el cual vivió en Líbano, donde se encontraba de visita, pues habitualmente él reside en Canadá.

El concierto estuvo lleno de música relajante y emotiva acompañada de imágenes de gran poder visual y conmovedor. Particularmente especial fue el momento en que tocó el himno que compuso para Unicef, llamado en inglés Lullaby, the UNICEF Anthem, que significa “Nana, el himno de UNICEF”. La bella música acompañada de imágenes de niños y niñas de muy variados lugares del mundo hizo que, por lo menos a mí, se me saltaran las lágrimas y hacía mucho tiempo que no lloraba al escuchar una pieza musical.

La música de Steve Barakatt es rica en detalles sonoros, enternece y destensiona, crea un espacio de reflexión tranquila y emotiva, ayuda a desconectar de un ritmo de vida que, a veces, para alguna gente, es demasiado frenético. El Marsillach acogió un concierto intimista, auténtico y sentido, de la mano de un hombre sencillo, que ofrece sus obras de arte a un mundo que necesita más quietud, más empatía y más sosiego.

 

                                        Laura Ramos, asistente al concierto Néorealité en el Marsillach.

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