Se que no voy a contaros nada que la mayoría ya lo sabéis, pero nunca está de mas el traer momentos que hemos vivido e incluso a personas con las que hemos convivido y ya nos dejaron, yo soy de la opinión, que mientras las tenemos en nuestra memoria y las recordamos no se han ido, como os digo esa es mi humilde opinión.

Foto: Libro de Fiestas Doro. Santiago Izquierdo

Volviendo a lo que quiero basar este artículo y es el de traeros a nuestras fiestas populares que celebramos los últimos días del mes de agosto en honor al Santísimo Cristo de los Remedios, y es el que recordemos juntos el color y calor que ponen en ellas nuestros jóvenes a través de las divertidas y coloristas peñas que llenan nuestras calles y plazas y que nos hacen a muchos rejuvenecer.

Echando la vista atrás, quisiera en primer lugar recordar nuestras fiestas de antaño, aquellas en que todavía no se había fundado ninguna peña, pero ya estaba en el ánimo de muchos de nuestros jóvenes, entre los que me cuento, aunque os tengo que confesar que no he pertenecido a ninguna de ellas, pero si que compartía el entusiasmo de mi buen amigo Luciano Porras, que hace años nos dejó, pero en las numerosas charlas que los dos manteníamos después de los ensayos teatrales me animaba a que había que crear una peña dentro de las actividades del Hogar Cultural Deportivo para animación de las fiestas, al igual que teníamos una organización musical que dio lugar a que se crease  una divertida Tuna, y que teníamos un estupendo grupo de danzantes con sus paloteos y folklore castellano, al que dirigía magistralmente Pablo Peláez.

Afortunadamente en el Archivo Municipal se conservan fotografías de aquellos eventos que teníamos en el Hogar, aunque el fondo más numeroso e importante, quizás por su pervivencia, es el de nuestro querido equipo de fútbol, el SANSE. En los dos libros que he publicado con el título “Episodios de la Historia de Sanse” hay dos episodios, uno que dedico al Hogar Cultural y Deportivo y otro a los primeros y heroicos años del Sanse.

Las Peñas de Sanse

En el año 1978 Luciano consigue ese propósito que ya arrastraba años atrás, y con un grupo de amigos funda la primera Peña de San Sebastián de los Reyes, recuerdo que él tenía mucho interés en que esta Peña fuese unida a nuestra fiesta del Cristo de los Remedios y se barajó el denominarla Peña Los Remedios, pero no terminaba de encajar y optaron, con buen acierto, llamarla “El Remedio”. Y ahí la tenemos con 44 años a sus espaldas.

La fundación de esta peña fue como el pistoletazo de salida para que surgiesen nuevas peñas. Al año siguiente, 1979, nacía la de “San Sebastián” y a continuación surgen un ramillete de peñas: “Olivares”, “Estafeta”, y que aún perduran estas tres citadas. No corrieron la misma suerte otras que con los años se diluyeron: “El Clavel”, “Chaparral”, “El Bellotero”, “Upeña”, “El Apodo”, “Rosa Luxemburgo”, ”El Ancla”, quizás hubo alguna más que ahora no recuerdo, mil disculpas.

Por suerte, en años posteriores se han ido fundando algunas que han reemplazado a aquéllas y hoy tenemos “Defiende tu fiesta”, “Los Amigos”, “La Tercera”, “Postas” y confió en que surjan algunas más próximamente.

Hace ya unos cuantos años la Peña de los Olivares me invitó como Archivero Municipal a que colaborase en el libro que publicaban anualmente con motivo de nuestras fiestas y afortunadamente lo he recuperado para rendir en este artículo mi mejor y cariñoso homenaje a todas las Peñas de Sanse, las que hoy existen como aquellas que tristemente se perdieron, pues como ya he dicho las peñas son actualmente unos de los puntales que sustentan nuestras fiestas populares del Santísimo Cristo de los Remedios.

A continuación, os inserto el citado artículo sobre la Peña de los Olivares, sé que algunas cosas que en él relato hoy día no tienen lugar, pero la historia es la que es y yo como Cronista Oficial me considero en la obligación de relatar y dar a conocer tanto lo que acaece actualmente como lo ocurrido a lo largo de nuestra historia local. Espero no desilusionaros con estas añoranzas.

La Peña de los Olivares

“No quiero ni pretendo descubrir nada nuevo sobre la importancia y lo que significa la Peña de los Olivares en el entramado y desarrollo de nuestras fiestas, ya no concebimos éstas sin sus trofeos taurinos y sin su bulla por nuestras calles durante los días de la fiesta o de la función como decimos muchos de los de aquí. Sus pasacalles con su clásico estandarte, sus colores verdiblancos, la animación de su sede, la cordialidad de sus componentes, que por cierto siempre los veo igual de jóvenes, por los que siento un gran cariño y admiración por la labor de superación que han realizado año tras año, y que sin dudarlo un instante se que van a seguir haciendo; así que no te preocupes Cayetano que lo harás fenomenal, pues de casta le viene al galgo…

Ya se ha escrito mucho, y buenas plumas lo han hecho, sobre esta Peña, por tanto, lo único que pretendo, dudo si lo conseguiré, es evocar los inicios de la Peña. Sí, se que diréis muchos que lo conocéis y lo recordáis perfectamente, pero en mi es una deformación profesional el remontarme al pasado. Por otra parte, no está nada mal recordar y traer a la memoria momentos y circunstancias que se han vivido. También me ha animado a escribir estas líneas el que una persona muy unida actualmente a la Peña no conociese el origen de su nombre de los Olivares.

La Peña  nace por la inquietud de varios sansebastianenses de pro, y en ellos incluyo tanto a los que hunden sus raíces en nuestro querido pueblo como a los que no habiendo nacido aquí sienten a San Sebastián de los Reyes como suyo, y aman sus costumbres y tradiciones como propias, no es bueno citar nombres, pues siempre queda alguno olvidado, pero me resisto a hacerlo pues ahí están Lope Rojo, Miguel Pereira, Casimiro Navacerrada, Germán Provencio, Fermín Garrido y, por supuesto, Carlos y Cayetano Muñoz Lara.

Y que mejor nombre iban a dar a su Peña que no fuese el de la calle que los vio nacer, crecer, sentir su pueblo, muchos dirán que eso de sentir su pueblo nos ocurre a todos seamos de donde seamos., pues no, los de San Sebastián de los Reyes quieren a su pueblo más que los demás, disculpadme esta osadía, pero es así, será cuestión de genes, y lo peor, no, lo mejor es que es un «virus» que contagia a todos los que aquí llegan.

Me he ido por las ramas, estaba en lo de la calle de los Olivares, se que algunos se irán al callejero para buscarla y no la encontrarán, pues así es, no está en el callejero, pero si que todos los que son de aquí o se han integrado saben donde está esa calle, no es otra que la calle Bilbao, en pleno corazón histórico del pueblo. Todos al referirnos a ella decimos: pues fulano vive en la calle de los Olivares, o mejor entras por la calle de los Olivares y bajas hasta la Plaza de Toros, nos pasa igual que cuando decimos vete por la calle Empedrada, y no se nos ocurre decir vete por la calle de la Victoria.

Quién o quiénes y cuándo se la cambió el nombre y por qué, pues la verdad es que no se sabe, os prometo que lo intentaré descifrar. La realidad es que a mediados del siglo XIX cuando se confecciona el padrón para numerar las casas de la población ya aparece con el nombre de Bilbao, todos recordamos la placa de mármol que estaba a la entrada de la calle en la que figuraba Bilvao, sí con uve, se tenía que haber conservado para poderla mostrar en el futuro Museo del Caserón.

Era una de las calles con más solera del pueblo, y digo era porque hoy ha perdido su tradicional fisonomía, para bien o para mal. En ese padrón que he mencionado figuraba como la calle que más viviendas tenía, con su típica hilera de viviendas bajas, que apenas se diferenciaban unas de otras, de manera especial en los números pares. Hagamos un ejercicio de memoria, os invito a que recordéis todas las casas que había desde la casa de la esquina de la calle Mayor, la de la tía María de Pío, hasta la casa del tío Longuis, y mediando la calle la casa de mi querido tío Caete. Cuánta historia de nuestro pueblo y de sus gentes se ha gestado en esta calle.

 

El nombre tradicional de Olivares se debe a que al final de la calle, en su parte izquierda había unos pocos olivos, que aún muchos conocimos, y que en un tiempo anterior habría muchos más, aunque nuestra zona no es abundante en olivos, si que existían bastantes en nuestro término, e incluso en el casco urbano, recordemos los que había hasta hace poco en los corrales de la Chorina (final de la calle Postas). Curiosamente diré que cuando la familia Olivares se traslada a San Sebastián de los Reyes, a finales del siglo XVII, se van a vivir a esta calle, y qué familia de este pueblo que busque en sus raíces no se encuentra con este apellido.  

Por eso desde aquí, desde mi humilde puesto de guardián de la historia de nuestro pueblo, seguiré contribuyendo a que no caigan en el olvido las esencias de su tradición y de sus costumbres, y lo que es más importante dárselas a conocer a los que aquí por diversas circunstancias de la vida se han asentado.

Me alegro de haber contribuido a recuperar este topónimo tan nuestro de los Olivares para una nueva plaza que se va a abrir al final de la calle Bilbao, y que permanezca en el tiempo para conocimiento de futuras generaciones y a la vez sirva de estímulo para la Peña que nació en este barrio y rinda homenaje a todos aquellos «apodacas» que en él nacieron o habitaron”.

Reconozco que muchos de los que lean estas líneas se sentirán poco o nada identificados con nuestras fiestas populares y taurinas, lo siento, pero así han sido nuestras fiestas durante siglos y así hay que aceptarlas y todos los que hoy tenemos alguna responsabilidad histórica nos corresponde el deber y la obligación de defenderlas.

Santiago Izquierdo G. Bárcena. Cronista Oficial y Archivero Municipal emérito de San Sebastián de los Reyes

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