Estamos dejando atrás una de las peores etapas sufridas por España. Una enfermedad epidémica extendida a todos los países, la COVID-19 ha hecho estragos en la población y, lógicamente, también la hemos sufrido el pueblo español. Afortunadamente, como un salvaje huracán, tras su catastrófico y cruel paso, está desapareciendo de nuestro horizonte. También, desgraciadamente, muchos no podrán vivir este desenlace final del virus pues esta pandemia nos los arrebató para siempre.

Ha llegado el momento en el que estamos regresando a la ansiada normalidad perdida y recuperamos nuestra vida habitual, y en esa vía caminamos día tras día. Pero también es momento de reflexionar desde lo individual y desde lo colectivo, desde lo institucional y desde lo personal. Se trata de aprender de lo sucedido, de sacar conclusiones de lo acontecido… de sacar lecciones de la pandemia.

A vuelapluma, la primera “lección de la pandemia” es que tenemos que reconocer, al mismo que potenciar, el valor de lo social, de lo humano, de la solidaridad y de la fuerza real que tenemos como comunidad solidaria. El ejemplo de ayuda y de colaboración demostrado por la ciudadanía, y que yo he visto en hechos y gestos concretos en Sanse, permanecerá siempre en mi recuerdo y nos debe de servir para pensar más en clave comunitaria y social.

Otra enseñanza es, sin duda, el valor de lo público. Lo ha demostrado una sanidad y unos profesionales, los héroes sin capa pero con bata, que se han dejado literalmente la vida por nosotros. Unos servicios puestos en marcha desde las instituciones que han paliado en la medida de lo posible los perversos efectos de la pandemia. Unas Fuerzas de Seguridad del Estado y de las instituciones municipales que sin su labor los estragos y consecuencias perniciosas hubieran sido exponencialmente mayores. Espero que esta horrible experiencia nos sirva para valorar a partir de ahora la necesidad de dotarnos de unas instituciones potentes y fuertes.

Y, por último, de la pandemia hemos reforzado la fe en la ciencia y en los científicos. Han sido las vacunas las que no han llevado a la “Estación Termini” de esta especie de plaga viral. Han sido la investigación y los avances del conocimiento humano lo que nos permiten ver la pandemia como algo ya pasado, aunque con algún fleco por cerrar. De aquí extraigo por un lado, que la apuesta por la ciencia, por la formación y la educación es tan básica como necesaria. Y también que la colaboración público-privada lejos de ser un mal, debe de ser una forma de actuación en beneficio global. Para nada es incompatible con la defensa de lo público si su complementariedad beneficia a lo común.

Son solo algunas de las “lecciones aprendidas”. Existen más, bastantes más. Por concisión y claridad destaco solo estas muestras. Ahora toca ser optimistas, coger aire y dar pasos adelante. Ahora toca volver a la normalidad, ahora toca vivir y ser felices. Esto último, también me lo ha ratificado la pandemia. Vivir para vivir, vivir para ser felices. Sean felices, nos lo merecemos.

Narciso Romero Morro

 

Alcalde de San Sebastián de los Reyes

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