El único recuerdo que Manu se llevó de su primer viaje a los campamentos de refugiados del Sáhara fue un lápiz. Estaba tan gastado que las dos puntas estaban afiladas, y casi llegaban a tocarse, “no se podía casi escribir con él” asegura.
Lo encontró en el suelo de una de las escuelas del desierto a las que la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Sanse acude a realizar el proyecto Sáhara Mágica. Le pareció una metáfora perfecta de los colegios, de los medios y de la vida en los campamentos de refugiados donde, desde hace cincuenta años, miles de personas sobreviven en una tierra que “ni siquiera les pertenece” afirma Manu.
Mago y payaso de profesión, Manu pertenece a la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de San Sebastián de los Reyes, a pesar de vivir en las Islas Canarias. Acaba de llegar de estar diez días en Bojador, un campamento de refugiados del Sáhara Occidental, donde han llevado a cabo uno de los proyectos más longevos de la asociación, que se lleva realizando desde 2008 y lleva espectáculos, talleres, humor e ilusión a los niños que viven en los campamentos de refugiados.
El proyecto
La semilla de Sáhara Mágica nació en Sanse, cuando los niños saharauis llegaban a España dentro del programa Vacaciones en Paz. La asociación organizaba una gala de magia para ellos y sus familias de acogida. Hasta que alguien lanzó una pregunta sencilla: “¿Y si llevamos la magia allí?”.

La idea fue de Elena, coordinadora de la asociación. Y como suele ocurrir con las ideas que cambian cosas, alguien decidió no dejarla en una ocurrencia. “Se liaron la manta a la cabeza y fueron”, explica Manu, quien ha formado parte de todas las expediciones que se han hecho desde entonces.
“La magia, como el humor, es un lenguaje universal. En un contexto tan duro como un campo de refugiados, con esas condiciones de vida, este tipo de actividades sirven para aliviar psicológicamente, aunque sea un poco, la situación en la que viven” afirma el payaso.
Este 15 de enero varios miembros de la asociación viajaron al Sáhara para desarrollar este proyecto un año más en colegios, escuelas infantiles, institutos, centros de personas con discapacidad, bibliotecas y centros de deporte. El número de beneficiarios es de aproximadamente 2000 niñas y niños.
Como anécdota de este último viaje, Manu cuenta que después de actuar en una escuela de niños con autismo “uno de los niños se puso a llorar porque no quería que nos fuésemos”. “Fue un momento muy duro y muy bonito a la vez”.

Protagonismo femenino en el escenario
El objetivo de estas expediciones también es transmitir valores a los niños, pero siempre, afirma el mago, “con mucho cuidado de no tratar de occidentalizar”. Aunque la sociedad saharaui es quizá una de las sociedades árabes donde la mujer tiene un papel más importante, sigue sin haber un feminismo. Por ello, durante los espectáculos, los miembros de la asociación intentan “reforzar el papel de las niñas, darles más visibilidad”
“Muchas veces, cuando pedimos voluntarios, los niños son los primeros en salir al escenario. Están más acostumbrados a ser protagonistas, así que a menudo hacemos justo lo contrario. A veces cuesta un poco más sacar a las niñas, pero luego merece mucho la pena”, afirma.
Magia sin fronteras
Durante la expedición, una de las traductoras saharauis se sorprendió con el hecho de que ser payaso fuera una profesión en España. Cuenta Manu que incluso llegó a preguntar entre risas si “en España os pagan por hacer tonterías”, a lo que añadió que pensaba que a Manu “deberían pagarle más”.
Como mago, Manu afirma que no hay tantas diferencias en cómo viven los espectáculos los niños saharauis y los de aquí, “lo que me gusta de la magia es que es una disciplina artística que nos pone a todos al mismo nivel. Da igual que seas analfabeto o catedrático, niño o adulto: si está bien hecha, la magia nos iguala a todos”.
Estos viajes no solo aportan experiencias inolvidables para los niños, también para los propios miembros de la asociación. Para Manu, cada expedición supone “una hostia de realidad”, un choque frontal con lo esencial. “Te ayuda a darte cuenta de cuáles son las verdaderas prioridades en la vida, de que una vida sencilla puede ser un camino hacia la felicidad”, explica.
Volver casi cada año a los campamentos le permite, además, tomar distancia del ritmo frenético de la sociedad occidental y cuestionar esa supuesta superioridad con la que muchas veces se vive desde Europa.
Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Sanse
Nada de esto sería posible sin la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de San Sebastián de los Reyes. Es la asociación la que financia los viajes, organiza las galas, gestiona los contactos con el Ministerio de Educación saharaui, consigue transporte y coordina toda la logística.
“Lo mejor de la asociación es su gente”, afirma Manu. “Personas con una voluntad inquebrantable, comprometidas, valientes, que no solo hacen Sáhara Mágica, sino proyectos de memoria histórica, publicaciones, actividades culturales… San Sebastián de los Reyes debería sentirse muy orgulloso de tener algo así”.
La falta de conciencia social sigue siendo uno de los grandes problemas. “Como en el resto de España, la gente no es consciente de que llevan 50 años en campamentos de refugiados”, explica Manu. “El Sáhara fue la provincia número 53. Fueron españoles de pleno derecho. Eso no se estudia, no se cuenta, y está cayendo en el olvido”.
Por eso, una de las formas más importantes de colaborar es simplemente hablar de ello y mantener viva la memoria. Desde San Sebastián de los Reyes, la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui demuestra que la cooperación internacional también puede construirse desde lo local, con compromiso ciudadano y constancia.






