La paciencia de los vecinos de San Sebastián de los Reyes con el servicio de limpieza ha llegado al límite. Una nueva denuncia ciudadana, acompañada de imágenes que muestran la Plaza de Andrés Caballero rodeada de residuos, pone el foco en lo que los residentes califican como una situación insostenible que afecta a todo el municipio.

El cambio de cubos, en el punto de mira

Según relatan los propios vecinos, el problema de la suciedad no es nuevo, pero se ha agravado de forma alarmante en las últimas semanas. «Siempre ha estado mal, pero desde que han cambiado los cubos está peor, da asco», afirma una vecina afectada. La imagen enviada a nuestra redacción muestra bolsas de basura acumuladas fuera de los nuevos contenedores, cajas de cartón amontonadas y restos de ropa esparcidos por la acera, ofreciendo una imagen de abandono en pleno centro.

 

«No es un día, todos son igual»

Lo que más indigna a los residentes es que no se trata de un descuido puntual o un mal día en la recogida. La vecina recalca que esta estampa se repite de forma sistemática: «Esto no es un día, todos los días son igual y no hay solución nunca». Esta sensación de abandono permanente ha hecho mella en el barrio, donde sienten que las quejas caen en saco roto mientras la basura se acumula jornada tras jornada.

Miedo a una plaga de ratas

Más allá de la estética y el mal olor, la preocupación principal es la salud pública. Con la vista puesta en el aumento de las temperaturas, la voz de alarma es clara: «En cuanto llegue el calor vamos a tener el pueblo lleno de ratas». Los vecinos critican que el nuevo sistema de recogida no está funcionando y que la basura acumulada será un foco de infección y plagas de forma inminente.

Una situación generalizada

Los denunciantes insisten en que este no es un problema aislado de la Plaza de Andrés Caballero. Aseguran que «todo el pueblo está igual» y lamentan que San Sebastián de los Reyes ofrezca esta imagen de dejadez. El malestar es unánime: exigen al Ayuntamiento y a la empresa responsable soluciones reales para un servicio que, lejos de mejorar con la renovación del mobiliario, ha empeorado la calidad de vida en los barrios.

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